Mostrando entradas con la etiqueta Relatos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Relatos. Mostrar todas las entradas

viernes, 28 de enero de 2011

Todo sucedió en un instante…

De repente, se sintió ardiente, llena de vida, extrañamente consciente de sí misma y de su propia existencia.

Dejó arrastrar su incandescente cuerpo por la cálida brisa que la elevó al instante y la transportó lejos del lugar de su creación, suavemente, desplazando su cuerpo por sendas desconocidas para ella. No estaba sola, eran muchas y a menudo tropezaban unas con otras y no viajaban solas, estaban protegidas por un aire grisáceo, denso y de un marcado olor a madera de pino.

Allí en donde intentaba pararse un momento a descansar provocaba desgracias, nadie la quería cerca, era despreciada por todos, incluso por sus congéneres. En apariencia eran todas iguales pero algo en su interior le decía que ella era diferente y esta situación provocaba más rechazo aún por parte de sus compañeras de viaje.

La corriente de aire cambió por un instante de dirección, momento que aprovechó para separarse de las demás. Ellas siguieron con su incansable ascenso, unas peleándose con las otras para subir más y más alto y ella inició un suave descenso.

Exhausta de tanto recapacitar sobre su existencia, logró al fin encontrar un remanso de paz. Un arroyo poco profundo y de aguas cristalinas que dividía en dos el verde bosque, sembrando la frescura por donde pasaba, dando de beber a los animales que se acercaban y alimento a las plantas que allí habitaban.

Sintió tal felicidad por haber encontrado al fin un lugar tan bello y lleno de vida que ni por un momento se paró a pensar que lo que para otros significaba vida…

Pobre ella que allí encontró el fin de su corta vida… tanto recapacitar sobre su existencia, tanto intentar ser diferente de las demás que ni cuenta se había dado de que solo era una brillante chispa que había salido  por la chimenea de la cabaña.

Tanto recapacitar para morir en un suspiro sin haber disfrutado de su corta existencia.

¡Feliz fin de semana a todos!

miércoles, 26 de enero de 2011

"La Ventana"


Me despierto, el Sol me da en los ojos, es una sensación agradable, sobre todo en invierno. Estoy algo aturdido y me duele la cabeza, ayer la noche fue larga. Cenamos en casa con unos amigos, la velada se alargo. El vino estaba muy rico. Hacia frio y encendimos la chimenea, lleva dos días nevando y eso no es normal en nuestro clima. Antes de acostarnos trasteé un poco por Internet, revisé el Blog… Entonces me doy cuenta, - si está nevando, ¿de dónde sale este Sol? - .

Sigo confuso, me levanto y me acerco a la ventana, el Sol me sigue dando en la cara. La orquídea que tengo en la ventana tiene tres brotes nuevos, sonrío. Aparto la cortina y me asomo, ahora sí que no entiendo nada de lo que estoy viendo. Calles estrechas, casas blancas con puertas azules, balcones que se entremezclan, miro hacia la izquierda, me llevo la mano a los ojos, el Sol me molesta con su reflejo en el mar. -¡El mar!, pero…  ¿qué hago yo en Mykonos?-.

No sé que está pasando, anoche me acosté en mi cama, en casa, con mi mujer y hoy me despierto en Myk… - Coño, ¿Dónde está mi mujer? -. Me doy la vuelta, en la cama no hay nadie. Me estoy poniendo nervioso, me siento en la cama e intento unir los vagos recuerdos me que vienen a la cabeza, me echo hacia atrás. Me quedo dormido.

- ¡Cariño levántate!, ¡No vamos a llegar! -, escucho la voz de mi mujer muy a lo lejos, abro los ojos, me despierto, recuerdo haber soñado algo sobre Mykonos. Huele a café recién hecho, a canela, a dulces. Me levanto, estiro mi cuerpo,  tengo la cabeza bastante aturdida. Escucho cantar al muecín y me doy cuenta que algo no va bien y  recuerdo lo de Mykonos. Corro hacia la ventana, antes de apartar la cortina doy un vistazo a mi orquídea. Tiene tres brotes nuevos, ya no sonrío. Me asomo la ventana, no puedo creer lo que veo.  Es Sultanahmet y al fondo veo La mezquita Azul, no puede ser,  me estalla la cabeza, me tapo la cara con los brazos y noto como me desplomo mientras pienso, - ¿Qué demonios hago en Estambul? .

Abro los ojos, el Sol me calienta la cara. Me incorporo rápidamente, sobresaltado. Estoy en mi habitación. Me duele la cabeza. Es primavera.

(Texto e imágenes originales de Quenqueiras)