Trozos de vida perfectamente organizada y clasificada en cajas de cartón. Ahí empaquetas tus sueños y sentimientos; amor: para aquí, odio: para allí, ternura: para esta, temores: para aquélla, desconfianza: en la negra, en la blanca: el optimismo, esperanzas: en la verde… y así hasta conseguir una estabilidad razonable. Lo que no sospechas es que en medio de todos ellos se te cuela un reloj de cuenta atrás que hace estallar una bomba emocional.
¡Lo que queda después de la explosión… solo ruinas!
¡Tanto clasificar, tanto ordenar, tanta previsión… para nada! ¡Un desperdicio!
¡Era tanto y con tan poco te quedas que hay momentos en que ya no importa casi nada!
¡Poco pedías y poco obtuviste... así es la vida, creo que a veces hay que ser un poco más egoista, pero para serlo hay que nacer así, lo contrario exige demasiado esfuerzo para un resultado igual de nefasto!
¡Poco pedías y poco obtuviste... así es la vida, creo que a veces hay que ser un poco más egoista, pero para serlo hay que nacer así, lo contrario exige demasiado esfuerzo para un resultado igual de nefasto!
¿Qué cómo se supera? Pues ojalá lo supiera… unas veces no te dejan (o al menos insisten en que no lo hagas, bien directamente o por otros medios) otras no sabes como hacerlo y las menos… simplemente te encuentras tan agotado que ni quieres intentarlo!
Lo que importa de todo esto es que hay muchas otras veces que si lo consigues, aunque el camino sea difícil, se puede llegar al final, este es solo un “patinazo” más… por los días que corren, supongo (especialmente esta semana)...!
