Hace ya algunos años que las conocí a las tres y
aunque al principio ninguna me resultó especialmente atractiva, con
el paso del tiempo, llegó el día en que me decidí a dar el paso y conocer mejor
a una de ellas…
La primera con la que conversé, portaba un presioso vestido de color azul, mostraba un duro carácter dominante y bastante insultante con
respecto a las otras dos, la edad y la experiencia eran la baza con la que
jugaba y podrían haber sido un grado a su favor pero quizás por ese despotismo,
la descarté casi de inmediato.
La segunda, se presentó con un elegante pantalón negro y una atrevida camiseta color
naranja, pero a pesar del atrevimiento con la vestimenta, era demasiado tímida para mi gusto, se mostraba con un aire de
inferioridad que no inspiraba demasiada confianza. Era como un “quiero, pero no
puedo”, es decir, presumía de ser como las otras pero en el fondo no podía
estar a su altura, y ella lo sabía, quizás por eso no acababa de transmitir lo
que yo buscaba.
La tercera y última, vestía un conjunto elegante e informal a la vez, con aquella blusa en un rojo vivo del que costaba apartar la vista... me fascinó nada más verla... estaba despampanante y me fascinó nada más verla, desprendía un aura
de seguridad en si misma que era difícil de rechazar. A pesar de no estar a la
altura de la primera, ella estaba convencida de que si podía competir
directamente, su personalidad era arrolladora. “Soy más joven y sin experiencia…
pero aprendo rápido” decía… me decidí por ésta última sin dudarlo.
Pasaron los años y a pesar de una buena relación,
con sus altos y sus bajos como en cualquier aventura en la que intervienen
varias partes, en los últimos meses se ha ido agriando a pasos agigantados y el
glamour con el que se me había presentado ha desaparecido en muy poco tiempo,
toda aquella confianza que había depositado en su arrolladora personalidad roja
se ha extinguido por completo. Nuestra relación se ha vuelto insultante,
siempre pide más y nunca está satisfecha con lo que puedes ofrecerle, dispone
de mi crédito a su antojo sin previa ni posterior explicación (y cuando la hay
no es convincente), ya no habla conmigo, ni se molesta en escuchar, se limita a
aplicar su criterio unilateralmente sin previa comunicación y de forma no
siempre muy lícita, se ha vuelto demasiado autoritaria y menosprecia mi
persona, ha dejado de cumplir con sus labores y al intentar razonar con ella se
muestra defensiva, amenazante y muestra graves indicios de falsedad… esta situación
se ha vuelto insoportable y por eso me he decidido a acabar de una vez por
todas con lo poco que queda de nuestra cordial relación…
Hoy he solicitado nuestro "divorcio" de manera
oficial… hasta nunca Vodafone… bienvenida libertad…!